Marta Rivero

Las Voladoras

Argentina

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Nací el 16 de agosto de 1966 en Los Toldos, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, soy la hija mayor, de tres hermanas, de Marta y Alfredo. De chica dibujaba, escribía y ensayaba construir casas en el jardín de mi casa, donde luego pasaba la noche imaginando que ese era mi mundo, un mundo para mí. Hoy me doy cuenta que sigo haciendo lo mismo, sigo jugando. Mi padre tenía una industria, allí aprendí que los procesos de construcción me acompañarían siempre. Estudié Arquitectura en la UBA, me gradué en 1990, me casé con Carlos y nos fuimos a vivir unos años a Pennsylvania, USA. Allí estudie cerámica, y sobre todo experimente vivir en una cultura completamente distinta a la mía. Regresamos a Buenos Aires donde nacieron Gregorio (1999) y Nicanor (2001), comencé a pintar en el taller del maestro Juan Doffo. Allí supe que quería dedicarme tiempo completo al arte. Nos mudamos a Villa Allende, Córdoba en 2009, seguí trabajando como arquitecta remodelando casas y haciendo proyectos de vivienda unifamiliar. Ingresé a la maestría de Antropología en la UNC, curse solo un año, que alcanzó para entender que podía enlazar mis intereses y “saberes”, que no había que dejar uno para hacer otro, sino que orgánicamente, la arquitectura, las artes visuales, los talleres y clínicas de arte que comencé a dictar junto a la escritura, armarían la trama sobre la que me movería de ahí en más. Así fue que formándome con Eduardo Medici (2014) en clínicas de arte, con quien hoy las dicto, me lancé a publicar dos novelas, Son las cosas y De las piedras la forma, mi escritura entrelaza procesos en el taller, en la escena del arte contemporáneo, en acontecimientos de mi vida y pensamientos que armo como películas personales. Es un hacer con pensar, le digo a mi analista, y ella dice, sí, es un “hacer compensar”. El recorrido de mi proceso de obra narra historias, un entramado entre acontecimientos, vínculos y lugares. La línea me permite pensar y mantener un diálogo con el obrar, sea desde el dibujo, la pintura, el objeto o la escritura. Sobre este andamiaje el obrar fluctúa entre la figuración y la abstracción armando la topología que necesito para decir algo sobre el Amor y la Muerte. Es el decir de la Locura, tema central que en su inversión aloja la posibilidad de pensar el mundo propio.” Foto por Soledad Garay

Colección Ojeda

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Seleccionamos dos obras de la serie Eros/Casa para acompañar el libro de este mes: Mujer invertida y Casas (2018/19). Dice Marta: 

Su escritura es visual, onírica, densa, navega no solo en el espacio, sino en los gramajes táctiles, en el tono del goce, escribe “achicar la voz”, “avanzar hacia abajo cuando quiero ir arriba”, invierte, confunde las coordenadas poéticas, asocia a su antojo, y así trabajo en la serie Eros/Casa, pero sin palabras pues ellas quedan suspendidas en mi cabeza mientras trazo las líneas. Se borran entonces las fronteras entre la escritura y el dibujo. Escritura visual, obra narrativa. Ojeda le habla al deseo. Mi obrar dibuja el deseo. Porque, más allá que la pintura está presente, el deseo se dibuja, se delinea, se escribe en cursiva, pienso… ¿cómo condensar ese resto íntimo que se escapa si no es arrastrando el lápiz sobre la línea, o de la palabra que se arma linealmente también con letras y en el movimiento, significa? El goce es ese y es más allá de la narrativa y de la imagen.

Las Voladoras

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“La voladora tiene el pelo negro, ¿sabe?, como el mío y como el canto de los pájaros del monte. La siento acurrucarse entre mis piernas en las madrugadas y me abrazo a ella porque, como dice papá cuando mamá no lo ve, un cuerpo necesita a otro cuerpo, sobre todo en la oscuridad"