Saturno

May 1, 2024

El título del libro que estamos leyendo alude a la figura mítica de Saturno, mezclada a lo largo de la historia con el dios griego Cronos, el más poderoso de los Titanes. Hijo de Gea (la Tierra) y Urano (el cielo), fue parte de la primera generación de dioses que registra la mitología griega. Hay múltiples narraciones a su alrededor, pero una de las más conocidas dice que Saturno devoraba a sus hijos por miedo a que lo destronaran. El menor –Zeus, o Júpiter para los romanos– logró salvarse y finalmente hizo lo que Saturno más temía: lo mató y quedó a cargo de la segunda generación de dioses y, así, del mundo. 

De esta manera, Saturno se convierte en un emblema del paso del tiempo. Además, da nombre a un día de la semana (el sábado) y a un planeta del sistema solar. Para los astrólogos, este planeta influye sobre el ánimo, repartiendo a su paso altas dosis de melancolía. Para historiadores del arte, pero también para filósofos y psicólogos, Saturno es la figura que impide el desarrollo de nuevos proyectos, el que frena, precisamente, el crecimiento de los hijos.

La pintura al óleo a la que hace referencia nuestra novela fue hecha por Francisco de Goya en 1821, cuando el artista ya había pasado los 70 años. Formó parte de una serie conocida como “Pinturas Negras”, que se caracterizaron por colores oscuros y temas lúgubres que, aparentemente, tenían que ver con el estado de ánimo del mismo Goya. La pintura en cuestión está marcada por contrastes muy fuertes, un fondo indistinguible y un primer plano truculento con el Titán en plena faena devoradora. El único color vivo es el rojo de la sangre y en general la composición es simple, casi abstracta, por lo que los expertos consideran que está prefigurando el expresionismo, con toda su violencia y crueldad. 

Como en todo buen texto literario, hay muchos vínculos entre esta imagen y los hilos narrativos de Hecho en Saturno. Tal vez el más específico sea el que asocia la idea de ese padre cruel y melancólico con la revolución latinoamericana y, sobre todo, con su fracaso. “El hombre nuevo del que hablaba el Che, que venía a cambiar el mundo, termina siendo un político acartonado, corrupto, que sólo piensa en el placer de la comida”, resume la autora.