La nave de los locos

Morán se mete de lleno con un tema que atraviesa la literatura desde siempre pero que, no por eso, se ha vuelto más fácil de narrar: la locura. La protagonista recala en una isla imaginada en la que, según la novela, alguna vez funcionó un sanatorio mental y en el que hoy viven como pueden algunas de sus antiguas internas. Si leemos con atención, podemos ver cómo las historias complejas de estas mujeres se entrelazan con comportamientos que hoy, a menudo, se tipifican y medican a una velocidad pasmosa. 

“La locura”, explica la autora, “es algo que me moviliza e inquieta. Para mí, carga con el  peso del miedo a perder el control, y esa sensación fue la piedra angular, el momento cero de la novela”. Para poder hablar del tema, cuenta que investigó y se informó mucho, pero que luego necesitó deshacerse de una forma demasiado estructurada y, por lo tanto, estigmatizante de entender los desórdenes mentales, especialmente cuando se trata de mujeres. Su preocupación fue, sobre todo, poder describirlas de un modo abierto, que no las encasille. Quiso lograr retratos humanos, complejos, que no fueran negativos pero tampoco romantizaran demás, que hicieran lugar para el dolor a veces muy extremo que estas condiciones imponen a quienes las sufren y a sus familias. Así nació esta Isla de Salos, que sus lectores no olvidaremos jamás.