La calle sin fin

El conglomerado urbano de la ciudad de México, con 22 millones de habitantes, es el más grande del continente americano y el octavo del mundo. Desde su fundación –anterior a la conquista– no paró de crecer, desarrollar zonas nuevas y cambiar su fisonomía. Uno de sus barrios hoy más conocidos, Colonia Condesa, comenzó a tomar forma a principios del SXX, cuando el Jockey Club construyó un hipódromo en los terrenos que pertenecieron a la condesa de Tacubaya. Al dejar de funcionar, el arquitecto José Luis Cuevas propuso convertir la antigua pista de carrera en una calle circular. Primero se la llamó Avenida del Hipódromo, pero luego se decidió cambiarle el nombre por Ámsterdam: con humor, aseveran que ese nombre combinaba muy bien con las otras calles de la zona, como Teotihuacán, Huichapan, Celaya, etc.

Hoy en día, la Avenida Ámsterdam es uno de los paseos más bonitos de la ciudad. No sólo por su gran arboleda, sino por las tres glorietas que la interrumpen, por los bares y cafés que la bordean y por los edificios art déco, funcionalistas y colonial-californianos que se construyeron a su alrededor y que han valido que la Colonia Hipódromo tenga valor patrimonial.