Hay un hecho real que no se menciona en esta ficción, pero que sin dudas da el marco y el tono para los aspectos más trágicos de la novela. Se trata de la Masacre de Bojayá, una confrontación entre guerrilla y paramilitares que, en mayo del 2002, causó la explosión de una bomba dentro de la iglesia del pueblo y mató a más de 70 personas, todas civiles, la mayoría niños. La tragedia ha sido investigada y reflejada en toda clase de textos, incluidos documentales y hasta obras de teatro, inscribiéndose en el difícil repertorio de relatos de guerra y guerrilla en Colombia. Al respecto, dice el crítico Mauricio Buriles: “la primera novela de Lorena Salazar sale a la luz en medio de ese paisaje repetitivo para demostrar que se puede seguir escribiendo sobre el conflicto sin caer en el cliché”.