Cuernavaca

Ubicada a menos de 100 kilómetros de CDMX y en la ruta hacia Acapulco, esta ciudad se remonta a la época de los Tlahuicas y su nombre proviene de un vocablo Cuauhnáhuac que significa “junto a los árboles”. Fue lugar de paso para muchísimos viajeros ilustres, entre ellos Alexander von Humboldt, que la bautizó como “ciudad de la eterna primavera” por su clima agradable –una media de 21°– y su increíble variedad de flora. Su catedral, construida en el SXVI, es una de las más antiguas del país, y junto a otras atracciones como el Museo Regional (Palacio de Cortés) y el Jardín Borda la convierten en un imán para turistas de todas partes del mundo.

Acequia también se puede leer como un canto de amor a este lugar y cada uno de estos datos juegan un papel dentro del relato. Como dicen los editores uruguayos, el libro da ganas de ir a conocer la ciudad y sin dudas funciona como una guía de viajes muy original. 

Y más aún, sobre el lugar central de Cuernava en la obra de Colmenares, dice Davo Valdés, escritor y amigo: “No se trata simplemente de que sea la ciudad en la que Colmenares habita. Es una ciudad que por sus propios méritos ha estado constantemente recubierta de misterio, ocultismo, brujería y adivinación. Desde la época prehispánica, pasando por los tratados de magia y hechicería de la Colonia, hasta el espiritismo de Plutarco Elías Calles, los chamanes y brujos que han emigrado de Catemaco y la fuerte presencia de la santería, es evidente que hablamos de una ciudad con un magnetismo único para la nigromancia y la taumaturgia.”