Durante la lectura notarán la presencia permanente de referencias musicales. Empezando por el sonido del agua –en el río, a través de la lluvia– y siguiendo por la mención de ritmos típicos de la región, como los alabaos y los chigualos.
¿De qué se trata? Con sus raíces fuertemente ancladas en la música negra y el sincretismo cultural que la caracteriza, los alabaos son cantos de adoración a los santos y de despedida para los seres queridos; son voces profundas, llenas de mística, estructuradas como un rezo –circular y repetitivo– para acompañar al difunto hacia el otro lado. Los chigualos son otra versión, pero dedicadas especialmente a la despedida de niños, por lo que tienden a ser más cariñosas y a menudo se asemejan a un arrullo. Las voces, siempre centrales y potentes, pueden estar acompañadas por instrumentos típicos como marimba, cununos, bombo y guasás.
Al final del libro, la autora nos regala una lista con algunos temas que “sobrevuelan la novela”. Aquí van, ¡no dejen de escucharlos!
Han cogida la cosa, Jairo Varela
Embarroten la canoa, tradición oral chicana
Adiós niñito, Rosa Wila
Dos gardenias, Isolina Carrillo
A la mina, Esteban Cabezas Rher
Duerme negrito, Atahualpa Yupanqui
Ana nos armó la playlist en youtube: https://www.youtube.com/playlist?list=PLAkYbB82L-jxcE594bZ4Tdx9Qa1r7rzuY