Es la primera vez que Líneas del Sur viaja a Venezuela, un país ubicado al norte de Sudamérica, sobre el Caribe, rodeado por Colombia, Brasil y Guyana. Su nombre tiene un origen curioso: al parecer, los conquistadores vieron viviendas construidas sobre palafitos y les pareció encontrar “una pequeña Venecia”; llamaron a la zona “Venezziola”, que pronto se convirtió en el término que conocemos hoy.
Pero hablemos de libros: como en todo nuestro continente, la literatura colonial se asentó sobre ricas tradiciones indígenas. La conquista y luego las guerras de independencia fueron dejando marcas fuertes, que encontramos en autores que van desde Francisco de Miranda hasta el multifacético abogado-diplomático-filólogo-poeta Andrés Bello. Ya en el SXX, se impuso la voz de Rómulo Gallegos, que escribió diez novelas con las que fue recorriendo los distintos territorios geográficos del país. La más famosa es, quizá, Doña Bárbara. Hoy en día, encontramos escritores venezolanos en todos los rincones del mundo. Al punto que un investigador tuvo el tino de armar un “mapa glocal de la literatura venezolana”, que pueden consultar aquí: https://www.cinco8.com/perspectivas/el-mapa-glocal-de-la-literatura-venezolana-contemporanea/
Y como dice el crítico Winston Manrique, los autores contemporáneos escriben obras en las que prima la denuncia de la violencia, la injusticia, el resquebrajamiento de un país y una sociedad, la incertidumbre y la preocupación. “Son temáticas de grito en una literatura que funde la realidad y lo fantástico, la realidad y lo mítico, la realidad y la memoria que se bifurca. Dos, tres o cinco caras de la vida en el mismo plano. El resultado es un territorio en otra dimensión, pero perfectamente reconocible”. Nos parece que la novela de María Elena Morán calza perfectamente en esta descripción: un relato onírico, casi de otros tiempos, pero que describe y denuncia con precisión situaciones del presente más rabioso.