Dice la propia autora en una entrevista: “Ese cuento está narrado por un adolescente que
se siente inadaptado, que está marginado de su comunidad, de este pueblito en el Chaco
porque es tildado, por un lado, de homosexual; y, por otro lado, de mentiroso, entonces,
él asume un lugar de marginalidad. Sin embargo, al mismo tiempo él asesina a un indígena
que encuentra en el camino y cuya voz va a tomarlo y se va a apoderar de él. Es
interesante la historia de este personaje porque se podría pensar que él, como sujeto de
discriminación, se podría alinear con la causa del indígena, pero es él quién lo mata y
sostiene, luego en su cabeza, esta relación, primero antagónica y, luego, de fusión con
esta voz. Este es un fenómeno que a mi también me interesa y que he explorado en varios
de mis cuentos: ¿cómo, incluso siendo nosotros mestizos y teniendo en nuestras venas y
en nuestra identidad sangre indígena, decidimos más bien identificarnos con la cultura
europea, la cultura occidental, la cultura blanca? Rechazando esa parte de nuestra
identidad que es un trauma que arrastramos de procesos coloniales y que aún siguen en
nuestros países.” (tomado de una entrevista a la autora hecha por Diana Félix Seras y
publicada en el blog Las Críticas)