Como la mayoría de las regiones geográficas, el Caribe no tiene una definición rígida: puede circunscribirse a las islas Antillas del Mar Caribe o incluir, también, algunas zonas continentales que lo rodean, desde México hasta Venezuela o Surinam y las Guayanas. Aquí nos concentraremos en el Caribe hispano, conformado por Cuba, República Dominicana y Puerto Rico.
La historia de la región es rica y compleja: no olvidemos que fue la tierra en la que desembarcó Colón y que, desde entonces, se constituyó como zona de cruce y ruta obligada para acceder al continente americano. Fue corazón de la trata de esclavos y se vio atravesada por la brutalidad de las plantaciones de café, tabaco y azúcar. Vivió la crudeza de las dictaduras latinoamericanas y una larga serie de tensiones con el vecino cada vez más poderoso del norte, los Estados Unidos. Como afirma nuestra autora, “la región aún se enfrenta a su sórdido pasado —la masacre de los nativos, la cruel violencia del comercio de esclavos en el Atlántico— y a todos los conocimientos y tradiciones culturales que fueron aniquilados en el proceso”.
Desde lo lingüístico, se caracteriza por una gran diversidad, en la que lenguas originarias se combinaron con los idiomas de los colonizadores europeos generando dialectos y creoles de todo tipo. Según las épocas, se hicieron más o menos visibles en las obras literarias, que se caracterizaron por una fuerte presencia de lo mítico, lo mágico y lo maravilloso, llegando a lo grotesco y a lo desmesurado. También, por una gran presencia de la música. Entre los temas más trabajados están, desde ya, la esclavitud y el devenir de la población negra (el término négritude fue acuñado por el caribeño Aimé Césaire), pero también el colonialismo en general, las revoluciones políticas y sociales y los exilios y migraciones relacionados con ambos. Grandes nombres como José Martí, José Lezama Lima, Alejo Carpentier y Julia de Burgos surgen de esa región.
Hoy en día, muchas de estas características se mantienen, potenciadas por el cruce de los escritores con sus colegas del resto de Latinoamérica y la poderosa diáspora norteamericana. Así, pisan fuerte nombres como los de Julia Álvarez, Giannina Braschi, Junot Díaz, Wendy Guerra, Achy Obejas, María Elena Llana, Mayra Santos Febres y, desde ya, Rita Indiana. “La literatura caribeña sigue abriéndose paso desde su enorme y compleja tradición cultural. Sus escritoras mueven al Caribe con la intensidad de sus letras, cada vez más poderosas” (Alejandra Amatto en Gatopardo).