En una entrevista, Fernanda Trías cuenta que su maestro Levrero también le contagió sus supersticiones: “Me las transmitió siendo yo muy joven. Tengo una manera de entender el proceso creativo que tiene mucho de mágico, me parece importante mantener ese misterio y dejarlo sepultado en una zona a la que yo no puedo acceder. Fíjate que después de que escribí La azotea y antes de que él se muriera, salió una noticia en Montevideo de que habían encontrado a una mujer en un apartamento del centro –todos los apartamentos del centro son muy parecidos al que aparece en La azotea–, y la mujer estaba viviendo con el cadáver no sé si de su padre o madre, que se había momificado. Entonces Levrero me manda esa noticia y me dice que se había vuelto realidad la historia de La azotea por mi culpa”