CDMX

March 4, 2026

Luego de un 2025 dedicado a paisajes exuberantes –la selva del Chocó, el mar Caribe, las pampas del Cono Sur– volvemos a la novela urbana, esa que retrata escenas que podrían suceder en Lima o en Montevideo, en Austin o en San Francisco. ¿O quizá no? ¿Qué hay de mexicano en Tarantela? ¿Qué hay, para ser más precisas, de la Ciudad de México? Está, por ejemplo, la casa de los abuelos en Cerro del Otate. Otate, nos explica la narradora, quiere decir “caña dura”. Y también: “El Cerro del Otate era una calle en un pedregal. La casa de los abuelos estaba sobre roca volcánica. Ahí las casas no se caían si temblaba”. No hay terremotos (geológicos) en la novela, pero con esta sola frase, sabemos que estamos en una ciudad que los ha sufrido y los tiene casi como telón de fondo. 

La narradora también nos cuenta que va al mercado a comprar peneques. Buscamos online y se trata de “una deliciosa receta tradicional de la Ciudad de México”, al parecer algo parecido a una quesadilla. Y sí, era el plato típico de la familia de la abuela, que era de… CDMX. Y para llevarnos hasta allí está la carretera de Morelia a México que construyó el abuelo. Y, claro, también aparece la UNAM, la reconocidísima Universidad Nacional Autónoma de México, el lugar en el que trabajaba Jano y donde, dijeron, puso las trampas para ratas, al parecer, sin usar guantes. 

Por último, para llevarnos también a la literatura de la ciudad, una joyita: en un momento, la narradora le regala a Lucas, su hermano, el libro Los culpables, de Juan Villoro. ¿Se acuerdan de cuando leímos Llamadas desde Ámsterdam? Si quieren leer más sobre la gran literatura de este país, pueden buscar esa entrada, de apenas un año atrás.